Fundación Jesús Preso
Estuve en la cárcel y fuiste a verme” Mt 25:35
Lo que creemos
La cárcel no debería ser el final de una historia. Puede ser, si se acompaña bien, el comienzo de otra.
Nadie se reinserta solo. Se necesitan puentes: entre el interno y su familia, entre el sistema penitenciario y la dignidad humana, entre el pasado y la posibilidad de un futuro distinto.
La dignidad no se otorga por buen comportamiento. Se debe por ser persona.
Lo que hacemos
Trabajamos dentro de los centros penitenciarios y fuera de ellos, tejiendo el mismo hilo en ambos lados:
- Acompañamos a los internos en su tratamiento penitenciario, para que este sea un proceso de transformación real y no solo de contención.
- Sostenemos el vínculo familiar, porque una familia que no rompe el lazo es la primera red de reinserción.
- Preparamos el regreso: a un empleo, a una comunidad, a una vida con propósito, para que salir de la cárcel no signifique entrar a otra forma de exclusión.

Nuestro nombre
Lo llamamos Jesús Preso porque creemos, con la misma fe que sostuvo a Rosalba en cada fila y cada requisa, que en cada persona privada de la libertad hay una dignidad que no se pierde, aunque el mundo a veces la trate como si se hubiera perdido para siempre.
“Estuve en la cárcel y fuiste a verme.”
Esa frase no fue un mandato para unos pocos. Fue un llamado para todos los que, como Rosalba, decidieron no mirar hacia otro lado.
VOLUNTARIADO
También puedes hacer parte de su historia
En Fundación Jesús Preso, sabemos que nadie se reinserta solo. La transformación real necesita puentes de humanidad, y esos puentes se construyen con manos dispuestas a servir. Hoy te invitamos a donar lo más valioso que tienes:
Tu tiempo: Para escuchar, acompañar y estar presente donde más se necesita una palabra de aliento frente a la soledad.
Tu talento: Para aportar tus habilidades, enseñanzas y creatividad, abriendo puertas hacia un horizonte de oportunidades.
Tu espiritualidad: Para compartir un mensaje de fe, esperanza y amor incondicional, recordando que la dignidad humana nunca se pierde por un error del pasado.